30 sept 2011

Para la clase del viernes 7/10 (importante)

Estimados, para el proximo viernes deben traer cada uno armado un powerpoint (en formato pps) que contenga tres diapositivas (ni mas ni menos) en las cuales expongan el tema elegido. La exposicion debe contar con la definicion propia del concepto elegido, alguna cita explicativa y la ejemplificacion del mismo en al menos tres (3) obras de arquitectura. La primer diapositiva debera ejemplificar el concepto en una escala global de la arquitectura (el hecho arquitectonico completo), la segunda en una escala parcial (aspectos de la totalidad) y la tercera en una escala puntual (el detalle arquitectonico).
La presentacion sera obligatoria para poder seguir avanzando con el trabajo practico.

29 sept 2011

“Discursos de fondo y pensamiento americano”

“Tres grandes discursos de fondo gobiernan el pensamiento americano. Así lo muestran la historia de las ideas, la observación del devenir político y el examen de la creatividad artística.
1. Por una parte el discurso europeo segundo, importado desde fines del siglo dieciocho, estructurado mediante el uso de la razón segunda y sus resultados en ciencia y técnica, animado por la posibilidad del cambio social deliberado y palnificado hacia la vigencia de los derechos humanos para la totalidad de la población, expresado tanto en el texto de las constituciones como en los programas de acción política de los partidos y las concepciones científicas del hombre con  su secuela de manipulación colectiva, potenciado verbalmente con el auge teórico de los diversos positivismos, tecnocracias y socialismo con su alboroto dosctrinario en movimientos civiles o militares o paramilitares de declarada intención revolucionaria. Sus palabras claves en el siglo pasado fueron modernidad y progreso. Su palabra clave en nuestro tiempo es desarrollo.
Ese discurso sirve de pantalla de proyección para aspiraciones ciertas de grandes sectores de la población y del psiquismo colectivo, pero también sirve de vehículo ideológico para la intervención de las grandes potencias políticas e industrales del mundo en esa área y es, en parte, resultado de esa intervención; sólo en parte, pues responde también, poderosamente, a la identificación americana con la europa segunda.
2. Por otra parte, el discurso cristiano-hispánico o discurso mantuano heredado de la España imperial, en su versión americana caracaterística de los criollos y del sistema colonial español. Este discurso afirma, en lo espiritual, la trascendencia del hombre, su pertenencia parcial a un mundo de valores metacósmicos, su comunicación con lo divino a través de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana, su ambigua lucha entre los intereses transitorios y la salvación eterna, entre su precaria ciudadela terrestre y el firme palacio de múltiples mansiones celestiales. Pero en lo material está ligado a un sistema social de nobleza heredada, jerarquía y privilegio que en América encontró justificación teórica como paideia y en la practica sólo dejó como vía de ascenso socieconómico la remota y ardua del blanqueamiento racial y la occidentalización cultural a través del mestizaje y la educación, doble vía simultánea de lentitud exasperante, sembrada de obstáculos legales y prejucios escalonados.
Pero si el acceso a la igualdad con los criollos quedaba, en la práctica, cerrado para las grandes mayorías, el discurso en cambio se afianzó durante los siglos de colonia y pervivie con fuerza silenciosa en el período republicano hasta nuestros días estructurando las aspiraciones y ambiciones en torno a la búsqueda personal y familiar o clánica de privilegio, noble ociosidad, filiación y no mérito, sobre relaciones señoriales de lealtad y protección, gracia y no función, territorio con peaje y no servicio oficial aun en los niveles limítofres del poder. Supervivencia del ethos mantuano en mil formas nuevas y extendidas a toda la población.
3. En tercer lugar el discurso salvaje; albacea de la herida producida en las culturas precolombinas de América por la derrota a manos de los conquistadores y en las culturas africanas por el pasivo traslado a América en esclavitud, albacea también de los resentimientos producidos en los pardos por la relegación a larguísimo plazo de sus anhelos de superación. Pero portador igualmente de la nostalgia por formas de vida no europeas no accidentales, conservador de horizontes culturales aparentemente cerrados por la imposición de Europa en América.
Para este discurso tanto  lo accidental hispánico como la Europa segunda son ajenos y extraños, estratificaciones de la opresión, representantes de una alteridad inasimilable en cuyo seno sobrevive en sumisión aparente, rebeldía ocasioanal, astucia permanente y oscura nostalgia.
Estos tres discursos de fondo están presentes en todo americano aunque con diferente intensidad según los estratos sociales, los lugares, los niveles del psiquismo, las edades y los momentos del día.
El discurso europeo segundo gobierna sobre todo las declaraciones oficiales, los pensamientos y palabras que expresan concepciones sobre el universo y la sociedad, proyectos de gobiernos de mandatarios y partidos, doctrinas y programas de los revolucionarios.
El discurso mantuano gobierna sobre todo la conducta individual y las relaciones de filiación, así como el sentido de dignidad, honor, grandeza y felicidad.
El discurso salvaje se asienta en la más intima afectividad y relativiza a los otros dos poniéndose de manifiesto en el sentido del humor, en la embriaguez y en  un cierto desprecio secreto por todo lo que se piensa, se dice y se hace, tanto así, que la  amistad más aunténtica no está basada en el compartir de ideales o de intereses, sino en  la comunión con un sutil oprobio, sentido como inherente a la condición de americano.
Es fácil ver que estos tres discursos se interpretan, se parasitan, se obstaculizan mutuamente en un combate trágico donde no existe la victoria y producen para América dos consecuencias lamentables en grado sumo.
La primera de orden práctico: ninguno de los tres discursos logra gobernar la vida pública hasta el punto de poder dirigirla hacia formas coherentes y exitosas de organización, pero cada uno es suficientemente fuerte para frustrar a los otros dos, y los tres son mutuamente inconciliables e irreconciliables. Entre tanto, las circunstancias internacionales del mundo tienden, por una parte, a reforzar el discurso europeo segundo y prestan altavoz al clamor de desarrollo acelerado hacia un orden racional segundo apoyado por la ciencia y la técnica, pero el discurso mantuano se esconde detrás del discurso europeo segundo y negocia su continuidad con intereses de las grandes potencias beneficiadas por ese estado de cosas mientras el discurso salvaje corroe todos los proyectos y se lamenta complacido.
La otra consecuencia es de orden teórico: no se logra formar centros permanentes de pensamiento, de conocimiento y de reflexión. Los investigadores y pensadores de América o bien se identifican con la Europa segunda de tal manera que su trabajo se convierte en agencia local de centros ubicados en poderosos países exteriores al área, o bien se consumen en actividades políticas gobernadas por el discurso mantuano, o bien ceden al impulso poético verbalista del discurso salvaje.
Los esfuerzos científicos de las universidades se desvirtúan en intrigas mantuanas; las anacrónicas intrigas mantuanas no logran hacer contacto con lo real extraclásico más allá de lo necesario para sobrevivir, un cierto nihilismo caotizante impide la continuidad de los esfuerzos, y el conjunto de la situación aleja al americano de la toma de conciencia integral de sí mismo, de su realidad social, de su puesto en el mundo, de tal manera que mucho menos se enfrenta nunca aunténticamente a los problemas que el universo en general, la condición humana en general plantea al hombre despierto.
Ante este panorama de discursos en guerra, sin victoria, sólo queda, en la perspectiva del presente, el escalofrío estético catártico que produce la contemplación de una tragedia, y, en la perspectiva del futuro, el genocidio tecnocrático o la esperanza de una catástrofe planetaria que permita comenzar de nuevo algún antiguo juego.”
Prólogo de El laberinto de los tres minotauro. José Manuel Briceño Guerrero, Monte Avila Editores, Primera edición, 1994

Seminario: Arquilecturas. Escritecturas. Arquitectura y literatura, siglo XX

La Cátedra Walter Gropius de la FADU y la Cátedra Walter Benjamin de la Facultad de Filosofía y Letras anuncian el Seminario: Arquilecturas. Escritecturas. Arquitectura y literatura, siglo XX. Estará abierto a la participación de estudiantes y docentes de ambas facultades, prevee la participación de varios docentes invitados, que plantearán su enfoque particular de la relación arquitectura-literatura. Está actividad es organizada por el Centro Germano – Argentino de la Universidad de Buenos Aires y serealizará entre los días 13 de octubre y 17 de noviembre de 2011, en la Sede de Arenales 1371, 1er piso (previsiblemente en horario de 17.00 a 21.00 hs).


Puede descargar a su computadora el artículo en formato Acrobat PDF. Para hacerlo, pique el enlace que sigue con el botón derecho de su puntero y seleccione “Grabar como…”

27 sept 2011

Claudio Caveri (1928 – 2011)

Reproducimos la versión completa del artículo “Claudio Caveri en su Tierra (1928-2011)” realizado por el arquitecto Jorge Ramos y que ha sido publicado en ARQ. Diario de arquitectura Clarin, el día 27 de septiembre de 2011 a raiz de la lamentable desaparición del reconocido arquitecto Claudio Caveri.


“No hay pensamiento sin suelo y que no hunda los pies en un lugar”
“…y la tierra es lo rugoso”.
Claudio Caveri, 2001.
Cuando Claudio Caveri, padre, incursionaba en la Primera Modernidad construyendo los cines Art Déco de la calle Lavalle, su hijo homónimo Claudio nacía aquel 9 de marzo de 1928. Creció entre rollos de planos y visitas a obras, en las que seguramente saltó de andamio a andamio. Como parecía destinado, ingresó a la entonces Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y obtuvo el título de arquitecto, en la ya autónoma Facultad, en 1950. Durante aquellos años completaba su formación estudiando arte con Jorge Romero Brest y con quien consideraba –junto con su padre- uno de sus principales maestros: el poeta e historiador del arte y la arquitectura Damián Bayón.  A poco de graduarse tuvo oportunidad de concretar sus primeras obras, en un momento donde coincidía su práctica profesional con la enseñanza de diseño en la Facultad. Esta experiencia académica, desarrollada en los años 1955 y 1956, tras el golpe militar que derrocara al gobierno popular, se agotó muy pronto por sus desacuerdos con las nuevas autoridades, que intentaban reinstalar una enseñanza liberal y elitista.
En esta etapa temprana, sus obras, humildes por cierto, dan cuenta de cierta afición a algunos principios de la modernidad occidental, como los de la fluidez espacial y la transparencia. Principios que serán rápidamente revisados y sometidos a crítica, para iniciar nuevos caminos. Se produce, entonces, un punto de inflexión en su concepción de la arquitectura y de la realidad nacional, el final de “una breve ilusión separativa”, como diría Leopoldo Marechal, y el surgimiento de una mirada desde acá y de un pensar americano.
La casa Urtizberea (1956) y la iglesia de Fátima (1956-58, junto a Ellis), al decir del propio Caveri “nacen junto al pensamiento de Teilhard de Chardin y las bombas de la aviación naval cayendo sobre la gente en Plaza de Mayo. Ya no éramos los mismos cuando vimos pasar las ‘niñas bien’, encaramadas a los jeeps del ejército, festejando la caída del ‘tirano’”. Esas dos obras marcan el comienzo de una nueva etapa, fundadora de lo que luego se conocería como el movimiento Casas Blancas, fuertemente cuestionador del racionalismo de los países centrales, intentando, a su vez, no separar la belleza de la escasez.
Fátima es una bisagra significativa en el discurso de la arquitectura argentina comparable, salvando las distancias, a la cripta de la iglesia de la Colonia Obrera de Cervelló, 1898-1914, de Antoni Gaudí, la cual, para Caveri, “revoluciona el meollo mismo de la modernidad”, desnudando su crisis interna.
Consumada la experiencia de Fátima, el casablanquista transita desde esa pureza silenciosa enclavada en vecindarios plácidos, hacia instalaciones en territorios de riesgo, pobreza y marginación, iniciando una experiencia comunitaria en un suburbio bonaerense. Nacía así, en 1958, la Comunidad Tierra.
Los diseños de Caveri se plasman en algunas obras significativas, como la iglesia Santa María Madre, en Moreno, Provincia de Buenos Aires (1965) y la Casa de Ejercicios Espirituales Jacarandá, en Reconquista, Provincia de Santa Fe (1968). Quizás su ópera culminante fue el Seminario Multirreligioso Irenaika Ville con su nueva capilla de Fátima (Maschwitz, 2000-2002). Si el espacio interior de esta capilla, con su piel tersa y luz dorada, está cargado de eros y sensación de seno materno, el exterior aparenta un perezoso torbellino ascendente que, en clave pampeana, nos remite a las cúpulas y linternas de Guarini y Borromini, que en lugar de concluir continúan indefinidamente en el espacio. Esta inconclusión, esta “imperfección” que escapa al canon, retoma en código quizás más refinado, el espíritu de Trujui.
A través de estas prácticas y de una continua y profunda reflexión teórica, plasmada en diversos libros, Caveri fue encontrando lo seminal americano en un compromiso creciente con los sectores populares, intentando una síntesis que los exprese. Esta actitud supone el acercamiento a una realidad maravillosa, viva y presente, sin congelar lo conocido, lo heredado, sino dando cuenta de un entorno urbano complejo, desde un particular soporte cultural y desde un horizonte propio, asumiendo lo popular, lo híbrido y lo pobre como un valor;
Jorge Ramos

21 sept 2011

Homenaje a Claudio Caveri

(recibido el 20 de septiembre)

"Ayer por la noche Claudio Caveri a los 83 años ha partido sereno, acompañado del afecto familiar.
El sábado 24 del corriente a las 18 hs. se rezará una oración en la Capilla María Madre de la Iglesia sita en B. Caveri (ex. Cervantes) y B. Roldán Cruce Castelar Moreno."
Esteban Caveri


  
“Y es que América es un problema de sujeto o sea en primer lugar un problema ético, de autenticidad.”[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Entonces… ¿Modernidad apropiada?- Sí, pero mejor modernidad fagocitada, porque al final no sólo es cuestión de razonabilidad, sino de biología. Ya que encontrar lo pertinente a nuestro contexto, a nuestro tiempo y a nuestra realidad social no es una operación puramente visual o racional sino de inteligencia encarnada y sintiente, esa que asimila y elimina, que mastica, ensaya y crea.[1].


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
Es lo que no se banca, ese cruce doloroso y ambiguo entre la visión lucida y horizontal de las causas y el juego vertical de lo innombrable.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
Ya Teilhard de Chardin pensaba a diferencia de los idealistas y de los materialistas (las dos caras de la misma moneda Europea). “Que las cosas tienen su interior, un cuantum de “ser a sí”” (sujeto). Esa energía, esa pasión propia, ese “adentro” no le es dado desde afuera, ni es una parodia o simulacro, sino que es la propia energía que se manifiesta en el campo como un sistema autorregulado y en la solidez del estar siendo.[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
no es difícil comprobar que todo lo que hagamos, ya sea en el plano de lo social, lo cultural, lo político, lo cotidiano, se rodea de una extraña aureola de descrédito que lo desvirtúa. Hay un divorcio entre lo que queremos ser colectiva e individualmente y lo que en realidad somos: Esto último que se llamó inconsciente social, inacción o sinrazón, es intuido aquí como un contrapeso que recarga la libre evolución de nuestra realidad. Encarna una realidad muy honda, que hace que sus contrarios –la conciencia, la acción y la razón-, todo aquello que creemos estar elaborando, manifiesten sus estructuras ficticias al menor análisis.[1].


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
El paisaje se agiganta en el largo trayecto que va de la palabra a su realidad. La distancia convencional de su objetividad, del simple estar presentes el árbol, la llanura el río se supera. Detrás de su grafismo, iluminado por rasgos y colores, cierta hondura roza el extremo común a nuestra existencia y el mundo.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Una teoría de la arquitectura no es sólo un fenómeno analítico que se interna en la estructura lingüística, es también atreverse a mirar y sentir el engendramiento metido en el fenómeno lingüístico propio de la tradición arquitectónica. Por eso no es legible sólo por un análisis de sus relaciones de sus significantes –cuestión sintáctica-, sino a través de su génesis. No basta, en fin, con su localización euclidiana en su contexto, no basta la linealidad de los sistemas concatenados, no basta la ley retórica. El texto, la obra concreta, el lugar de engendramiento, su tiempo, es el centro, el punto, el lugar, que ningún racionalismo puede leer si no se interna ‘sintientemente’ en el estar ahí de la obra.[1].


[1] Caveri, Claudio. Mirar desde aquí, o la visión oscura de la arquitectura. Buenos Aires: SynTaxis, 2001.
Entonces, lo que se diluye en el aire son los mitos, las utopías, las teorías, los paradigmas, las visiones del mundo, porque en el fondo son una libre construcción. Construcción que tenemos el pleno derecho de hacer, siempre que aceptemos que no son el reflejo de la realidad. Tampoco podemos pretender que entren en una relación critica, sino ser sencillamente un esbozo provisional y operativo, una carta de ruta que nos permita movernos y crecer.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
El paisaje subvierte así el sentido del ser. Le opone al ser, al espejo cristalino de su mundo ordenado, la sin-razón que lo quiebra por rebeldía y autismo, por una imitatio dei que encierra en su seno los vectores de infinitas posibilidades de existencia. Y esta posibilidad absoluta pone un telón de fondo a la definición del paisaje.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
La realidad implica posesión, apoyo, sentimiento de bienestar, que la ficción no puede dar. En la realidad, la vida parece concluir un ciclo, por el que alcanza su máxima expresión en cosas, objetos y hechos donde, por así decir, se visualiza. De esta manera, como lo pedía Herder, una canción popular mantiene una conexión de carácter con la realidad definida del derecho o la arquitectura, por cuanto estos son la explicitación de una realidad hondamente vivida por las capas inferiores del cuerpo social. Esta conexión se da únicamente cuando existe una voluntad de forma que no es perturbada.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
mientras en el indígena el planteo hombre-espacio involucraba una plenitud creada por el hombre mismo, entre nosotros ese mismo planteo encierra una frustración, precisamente la de no contar con ninguna clase de arraigo. No hemos dado aún la respuesta práctica y vital, por no decir económica, a la cuestión de vivir en América.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. “Anotaciones para una estética de lo americano” en Obras Completas. Rosario: Fundación Ross, 2003.
si no aceptamos la impureza de lo real y la solidez del estar siendo, nos queda el correr tras quimeras que se disuelven en el aire.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
para estudiar al hombre americano y a América en su peculiaridad y su autenticidad, se pasa en cierta manera del terreno del ser –tal como lo entendemos con nuestra mentalidad semieuropea- al no ser. Y verlo desde la vida y desde el paisaje y no desde la norma, desde el ente y no del ser, o sea desde su medio, su ámbito vital significa abrir la puerta opuesta al ser y prender al hombre, a cualquier hombre, por su antinomia.[1].


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
conviene hincar bien nuestro pie en el lugar en que nos hallamos y aventurarnos, por fin, a desarrollar nuestros propios sentidos, para entrar sin miedo en ese nuevo mundo pos-iluminista, oscuro si se quiere, pero no oscurantista, ya que apuesta no al abandono de la inteligencia sino al desarrollo de su sensibilidad frente a lo concreto.[1]


[1] Caveri, Claudio. Mirar desde aquí, o la visión oscura de la arquitectura. Buenos Aires: SynTaxis, 2001.
La función primordial de la historia estriba en crear una primera autoconciencia de la comunidad, el primer atisbo de su integridad óntica como pueblo, porque al rastrear el ser y el no ser de ella en el tiempo recoge todas las fuerzas del pasado, todos los grados de libertad dejados en el pasado.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Esa verdad lógica de la coincidencia consigo mismo desemboca en una realidad ontológica por cuanto significa una autenticidad vital, una modalidad que se debe dar “aquí y ahora” en la América actual. Poco importa su contenido. La autenticidad –entendida así- puede recorrer toda una escala de valores probables e incluso antagónicos.[1].


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Ya, a esta altura, ningún intento teórico puede pretender ser el fiel reflejo de la realidad y es hora de enterrar ese piadoso deseo del siglo de las luces, que todavía rige el estatuto moral de los intelectuales de la modernidad y nuestros émulos locales. La obsesión obscena por alcanzar el secreto de la realidad, resulta inversamente proporcional a la posibilidad de lograrlo jamás.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.